El pasado nueve de octubre se estrenó Ágora, una superproducción propia de Hollywood, la meca del cine, en la que se ha invertido en torno a 50 millones de dólares. Este drama representa el nuevo trabajo de Alejandro Amenábar, quién después de cinco años de sequía y su éxito con Mar Adentro, regresa por todo lo alto con una apuesta arriesgada (la película transcurre en una época de conflictos religiosos) a la par que ambiciosa.
Amenábar se ha decidido en esta ocasión por la oscarizada Rachel Weisz (Enemigo a las puertas) como el eje central de este drama, que transcurre en la ciudad egipcia de Alejandría en torno al siglo IV d.C., por aquella época bajo dominio del Imperio Romano. Así, Hipatia (papel protagonizado por Weisz) es una astrónoma maestra de la Escuela Neoplatónica que junto con la ayuda de varios de sus discípulos, intentará salvar la famosa Bibiloteca de Alejandría, acechada por una de las comunidades cristianas más influyentes de la Antiguedad. El término Ágora hace alusión al centro cultural de la ciudad, a la plaza pública en donde se celebran las asambleas.

Weisz encarna a Hipatia en Ágora
Romance
Ágora no sólo recoge la intriga y la historía de esta gran biblitoeca. Amenábar ha reservado un espacio del drama para introducir un romance, una “lucha” por el corazón de Hipatia, con Orestes (Oscar Isaac) y Davo (Max Minghella) como pretendientes. De facto, es conocido que Hipatia en el momento en el que se centra la película, alberga más edad de la que el director de la película quiere exponer. Pequeñas licencias para hacer aún más grande este nuevo proyecto de Amenábar.
Un desastre para la humanidad
La Biblioteca de Alejandría representa una de las mayores pérdidas en la historia de la humanidad. Fue fundada por Ptolomeo a comienzos del siglo III a.C. y su destrucción a finales de siglo IV d.C. aparentemente por tratarse de una institución pagana, supuso un retraso en el conocimiento humano cifrado en al menos dos mil años. En uno de los estantes se encontraba una obra del astrónomo Aristarco de Sames, quien sostuvo que la tierra gira alrededor del sol y que las estrellas se encuentran a grandes distancias de nosotros, hecho que fue comprobable dos milenios más tarde, de ahí esa invitación a extrapolar la pérdida material y simbólica de la Biblioteca de Alejandría (reeconstruida a día de hoy). Distintos argumentos existen sobre quiénes o por qué se llevaron a cabo estos incendios, pero hay que indicar que no sólo los cristianos son los únicos responsables. No hay una certeza absoluta en cuanto a lo sucedido, ya que también ostentaron la culpa en la catástrofe el jeque musulmán Omar o el emperador romano Dioclesano. Todo apunta más a una coyuntura temporal sobre quiénes eran los poderosos y cuáles eran las decisiones que se tomaban.